Desde el final de los talleres de verano no he escrito nada en el blog, y la verdad que no podía haber escogido una entrada con más encanto para volver entre estas líneas.
He vivido la espectacular transformación de una pirámide de madera por la que el tiempo había dejado su huella. En este año en el que me he sumergido en el reciclaje no había encontrado un cambio tan espectacular como éste. Es increíble ver cómo semana tras semana una nueva esencia va naciendo de algo que yo en un principio habría desechado.
Lamentablemente no le hice una fotografía a la pirámide según llegó al taller, pero lo que sí no pude remediar es pedir permiso a mi gran amiga/familia Paqui para hacerle unas cuantas fotos a tan maravillosa pieza. Increíble ver cómo la iba transformando, cómo poco a poco iba dejando su impronta en cada uno de los detalles.
He de reconocer que la transformación de esa pirámide no fue la única que vi en primera persona. he tenido el placer de ser testigo de cómo el miedo al pincel y el miedo a dejar fluir las emociones que llevamos dentro sin importarnos lo que dirán o pensando que lo vamos a hacer fatal iban desapareciendo.
Una de las mejores decisiones que tomé el año pasado fue la de iniciarme en ese taller de reciclaje, en el que he encontrado a una gran familia, un lugar en el que poder ser yo misma e ir expresándome en cada objeto que reciclo.
No puedo más que dar las gracias a Paqui por llevarme al taller, por dejarme fotografiar y escribir acerca de su último proyecto del taller. Y por supuesto, gracias Puri por enseñarnos la magia que hay en todo y todos nosotros.
Este año estoy deseando comenzar el año escolar con el inicio del próximo taller de reciclaje.
Os dejo unas fotillos de la pirámide de la que os he hablado.


Saludos,
